Nota de lectura de: "El huésped", "Invitación", "Los años intoxicados" y "Matar a un niño"
"El huésped" de Amparo Dávila, su historia 1 (visible) trata de una mujer que narra la llegada de un ser siniestro a su casa, traído por su marido. El "huésped" ocupa una habitación, tiene hábitos extraños y genera un clima de terror constante para ella, sus hijos y la empleada, Guadalupe. La historia 2 (secreta) es el relato de la violencia doméstica y como la mujer se aísla en su propia casa, el huésped es como una metáfora del desprecio del marido a su esposa y la invasión de su espacio. Está narrado en primera persona protagonista (la esposa). Su visión es subjetiva y está llena de un miedo paralizante y desesperación. La protagonista está representada como una víctima vulnerable, atrapada en una casa que debería ser refugio pero es una cárcel. El marido aparece como un hombre indiferente, autoritario y que no le importa el bienestar de su familia. El huésped no se define como es la criatura, más que sus ojos brillantes y su inquietante silencio. Guadalupe es la única aliada de la protagonista, su vínculo trasciende lo laboral y la protagonista la describe como noble y valiente, es quien toma la iniciativa para actuar.
"Invitación" de Beatriz Guido la historia 1 es sobre una chica que es invitada a una estancia por un grupo de jóvenes de la alta sociedad. Lo que comienza como una invitación social se convierte en una atmósfera extraña y situaciones incómodas/perversas en la casa. La historia 2 trata de la decadencia moral de una clase social y la pérdida traumática de la inocencia. Debajo de las formas sociales refinadas, hay corrupción, aburrimiento y una crueldad ligada al estatus y al poder. Está narrado en primera persona (la chica invitada). Funciona como un testigo que intenta descifrar códigos que le son ajenos. Su mirada es de fascinación al principio, seguida de una creciente perturbación. La protagonista es representada como una extraña que entra en un mundo cerrado/exclusivo. El grupo de jóvenes se presentan como cínicos y portadores de un secreto o una moralidad desviada que la narradora no termina de entender.
"Los años intoxicados" de Mariana Enríquez, la historia 1 trata de tres amigas (Andrea, Paula y la narradora) que atraviesan su adolescencia y juventud en Argentina entre 1989 y 1999, consumiendo diversas drogas para evadir la realidad mientras el país cambia. La historia 2 describe la degradación de Argentina, reflejada en una generación. La "intoxicación" no es solo algo químico, sino política y social: el fin de la hiperinflación, el menemismo y la desintegración del tejido social son el trasfondo de la vida de las chicas. Está narrado en primera persona del plural ("nosotras") que por momentos se individualiza. Es una voz desencantada, cínica y anestesiada por las sustancias y el entorno. Las amigas se representan como pérdidas, no tienen proyectos de futuro; su vida es un presente continuo de evasión. El país funciona casi como un personaje hostil que "intoxica" a sus habitantes a través de la crisis y la falta de horizonte.
"Matar a un niño" de Daniel Sueiro, la historia 1 es sobre un hombre que viaja en su auto con una mujer hacia la costa; en el trayecto, un niño se cruza en la ruta y lo atropellan. La historia 2 sugiere que la muerte del niño es una consecuencia lógica de un sistema basado en la velocidad, el consumo y la indiferencia, donde los individuos son piezas de un mecanismo que no se detiene ante la tragedia humana. Está narrado en tercera persona, distante que enfatiza la fatalidad del hecho sin caer en el sentimentalismo, analizando el accidente como una secuencia de causas y efectos físicos. El conductor y la mujer son representados como sujetos modernos, enloquecidos por la rutina del viaje y el deseo de llegar al destino. El niño es representado una presencia casi abstracta que interrumpe el flujo de la máquina y es aniquilada por ella.
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