Esquina
Extrañada: Un cuadrado gigante que permite ver hacia adentro. El interior brilla aunque afuera reine la oscuridad. Cuadrados de madera flotando por el salón, vacíos, salvo por uno, con dos personas gesticulando.
Extrañada: Un gigantesco esqueleto de piedra gris y membranas transparentes se eleva desde el suelo. Estás grandes membranas reflejan el exterior e intentan contener el interior dentro de sus bordes blancos. Arriba de todo se encuentra una bizarra jaula de tubos paralelos que coronan la estructura. En medio de esta estructura, un oscuro brazo como una mano esquelética, se estira hacia el cielo. En la base, cajas de metal contienen colores verdes y rojos. Seis caracteres rojos con un fondo azul señalan un nombre. Se los ve pasar a unos seres por enfrente de los rectángulos de vidrio.
Objetiva: Fotografia a la luz del día de la fachada de un edificio de hormigón y vidrio, con un gran cartel en el centro que dice “DOMANI”. Se observa a una mujer con jean gris, campera de peluche y cartera negra, abriendo la puerta. Dentro hay una iluminación cálida que contrasta con el exterior. La mayoría de las mesas se encuentran vacías pero salvo por una con dos personas contra la ventana. En el fondo, se puede observar a un señor detrás del mostrador, en el cual hay comida exhibida. Afuera, pasan por la vereda un señor y una señora.
Subjetiva: La esquina desborda esa energía caótica y vibrante de la ciudad por la noche. El restaurante brilla como un faro cálido que promete refugio frente al frío de la calle. Las personas pasan por su puerta, solas o con un perro, capaz caminando sin dirección alguna. Las hojas secas desparramadas por el suelo, como si el otoño intentara hacerse notar en medio del ritmo apurado. Contrasta con el brillo de los autos esperando el momento de avanzar. En el centro, llegando al techo que quedó olvidado, se asoman las ramas de un árbol.
Objetiva: Un plano general de una esquina, con un restaurante llamado “DOMANI”, que contrasta con los edificios altos que lo rodean. Se ve gente en el interior y un señor con camisa blanca abriendo la puerta. En la vereda, pasa una señora con un cochecito y una chica con ropa deportiva. Muchos autos transitan la esquina y al lado se encuentran otros dos locales, uno con cartel celeste y otro color amarillo. Alrededor de la esquina hay árboles, algunos más grandes que otros.
Subjetiva: Desde afuera, el edificio se siente como una pecera iluminada donde la intimidad de las personas queda expuesta a la calle. Pero a través de sus amplios ventanales, se percibe una atmósfera llena de vida y encuentros que contrasta con la desolada vereda, un refugio vibrante en medio de la penumbra de la ciudad.
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