Dos microcuentos a partir del sueño de una compañera
Microcuento 1:
Estaba hinchada, mi panza se sentía como un globo a punto de explotar. Mi periodo se había atrasado algunos días, así que supuse que ese era el motivo. Pero normalmente soy irregular y me siento pesada luego de comer, así que le resté importancia y traté de no preocuparme.
Estaba de vacaciones con mi mama, mi tia, mi prima y mi abuela en Nueva York, un viaje de chicas. Acá estaba empezando el otoño, y el clima estaba divino, ideal para pasear. Fuimos a almorzar a un lugar de hamburguesas muy conocido, yo estaba con poco apetito pero pedí igual porque había que probar. Eran riquísimas. Lástima que después empecé a sentir náuseas, “seguro la hamburguesa me cayó mal” pensé yo. Sin embargo, al contárselo a mi prima me miró preocupada y me pregunto “no estarás embarazada?” No pude evitar reírme, pero claro estuve los últimos días contándole cómo me sentía, y no era un razonamiento tan loco.
Me quedé dando vueltas y vueltas, pensando y pensando. Hasta que finalmente, mientras todas dormían, decidí ir a una farmacia 24hs y comprarme un test. Busqué la más cercana, y sin hacer ruido me fui. Seguí las instrucciones de la caja y dio positivo. Al parecer, si, estaba embarazada.
Microcuento 2:
Estaba embarazada. Eso fue lo que descubrí luego de hacerme un test en el baño del Aeropuerto antes de ir a Nueva York. Con mi mamá, mi tía, mi abuela y mi prima, íbamos a hacer un viaje de solo chicas por primera vez.
Era el inicio del viaje, si lo contaba se podía arruinar ya que no era la mejor sorpresa. Estaba a días de cumplir 18 años, todavía en 5to año y acababa de volver del viaje de egresados. Tenía que disimular mi conmoción. Fue un viaje que veníamos esperando, no puedo arruinarlo. El plan era sencillo, en 10 días volvía a la realidad y veía que hacer con mi vida. La única falla era, ¿como no tomar algo de alcohol para celebrar mi cumple de 18, sin que sea sospechoso? ¿Decir que en Estados Unidos es a partir de los 21?
En Nueva York el clima estaba ideal para pasear, era otoño y la ciudad en tonos marrones y naranjas parecía sacada de una película. Fuimos a una hamburguesería conocida, era riquísima. Comi mucho, en mi mente sonó como una buena idea para decir que estaba hinchada, pero la verdad no hacía falta tampoco que se nota la panza y ahora la siento como un globo a punto de explotar.
Comments
Post a Comment